jueves, 17 de marzo de 2011

Vete que no te quiero


No te necesito, no te deseo.
No te aprecio y no te quiero.
Vives conmigo y te detesto.
Y con otros y me apesto.

Eres lo que nadie quiere,
lo que sobra, lo ruin,
lo que mejor que no viere,
lo que termina por fin.

Eres también mi descanso
y mi cita favorita,
si hago fuerza me canso,
sobre todo si es durita.

Mierda, sal de mi cuerpo,
como haces siempre, cada día,
porque aunque sé que eres mía,
a ti, nunca por gusto me acerco.
Y no es por ser alguien muy terco,
es que eres mierda, mi agonía.

Además, con tu olor,
ese hedor que desprendes
que cuando otro la huele
y no es suya la protesta,
sólo te salva el honor
del que con buena gesta,
el que la huele se apesta
y no delata el pudor
de haber olido la ingesta.
Que sin comer da hedor
o que al menos indigesta.

Si dejo de comer no cago,
pues me falta el alimento.
Si cago mucho es que como,
si cago poco es tormento.
Y si como y cago al momento,
se acabó todo el lamento,
cago como un tormento,
cago de tomo y lomo,
cago lo asimilado,
cago con fundamento.
Cago hasta de lado.
Cago sin estar atento.

Mierda, vete fuera,
ha llegado tu momento.
Me serviste de sustento,
pero ahora me acelera
el sacarte desde adentro.

Adios mierda maldita,
Hasta nunca ya más ver.
Mi retrete te precipita,
no te quiero ya ni oler.
Európides