domingo, 30 de octubre de 2011

Voces de pobreza




Oigo voces tristes que vienen del cielo.
Veo un río de sangre aparecer.
Río que rompe la tierra y sale del suelo.
Llamas infernales al amanecer.

Oigo gritar a la gente por sus males.
Veo a potentados de la lluvia huyendo.
Auténticos poderosos y viles criminales
Ácido que quema y les va corrompiendo,
.
Oigo a veces suplicarles para que alimenten,
 a pueblos y personas olvidadas a su suerte.
Veo derrochar a los que jamás ni advierten,
que padecerán mil rencores tras su muerte.

Oigo lamentos que nadie parece escuchar.
Veo cruel impasibilidad de los poderosos.
Todo cambiaría si todos quisieran dar,
lo que les sobra y les haría más honrosos.

No dejéis que pasen hambre y sigan muriendo.
No los olvidéis nunca ni miréis para otro lado.
Oigo voces que dicen que morirán padeciendo
y veo a un ser mezquino en ti por todos odiado.

Oigo lamentos que irán desapareciendo.
Y si tu bondad llega, veo alegres corazones.
Almas que poco a poco te irán queriendo.
Inocentes que rogarán por ti diez mil perdones.

Európides




viernes, 21 de octubre de 2011

Velo por tu amor



Duerme mi amor, duerme mi vida,
que tu sueño puedo ser.
Seré tu calor, el que te abriga,
seré el dueño de tu querer.

Despierta mi amor, despierta mi vida,
sonríe a tu bello amanecer.
Seré tu senda cuando caminas,
seré quien te haga estremecer.

Disfruta mi amor, disfruta mi vida.
con la esencia del placer.
Seré la miel que te cautiva
y quien feliz te quiera ver.

Európides

jueves, 13 de octubre de 2011

El broche de la dama



Con fuerza a mi llegaba
la dama de la noche,
que sola y en su coche,
salió a pasear.
Y clava su mirada,
me besa sin derroche,
me ofrece un lindo broche
y vuelve a circular.

Prendido ya por ella
y su divina estampa,
espero a ver si escampa
y deja de llover.
Y quedo ensimismado
mirando a todas partes,
a ver si en mis descartes,
con suerte vuelvo a ver.

Espero varios días,
sentado en una esquina.
Que así sí se domina,
si vuelve a aparecer.
Y dudo que si al verla,
me siento hasta asustado,
al verla allí a mi lado
y pueda enmudecer.

Pasado mucho tiempo
y el broche siempre encima,
del monte aquella cima,
me hizo suponer,
que si esa mujer bella,
de nuevo apareciera,
sería quien dispusiera,
el broche devolver.

Le ruego que se quede
que quiero siempre verla,
por siempre yo tenerla,
que despertó mi amor.
Que al irse así de pronto,
como quien tiene prisa,
con su amplia sonrisa,
me causa un gran dolor.

De lejos ya la veo,
parece que me ha oído,
me sale hasta un silbido,
que empiezo hasta vibrar...
Me acerco hasta su lado
y allí mismo le digo,
que se quede conmigo.
La quiero enamorar...

De pronto ante mis ojos,
dejando su sonrisa
de forma muy sumisa
se empieza a alejar.
Al lado veo unas flores,
me acerco y allí leo
algo que ni me creo…
Murió en aquel lugar...

Európides