miércoles, 27 de abril de 2011

La misma moneda.


Qué fácil sería nuestro camino
si yo te hubiera sabido entender.
Daría todo, lo que fuera
y levantaría una copa de vino
para cambiar nuestro  destino,
para tenerte siempre a mi vera
y ganarme con el alma tu querer.

Daría mi vida por saber qué guardas
o qué escondes y no me dejas ver,
como si de mi no dependiera,
todo lo que no dices y callas
o que te quema sin que ardas,
como aquella primera vez.
Quedo, sin saber de donde vienes
o sin saber a donde vayas.
Y eso atormenta a mi ser.

Antes tú también te preguntabas
a donde me llevaban mis pasos
o qué ocultaba y no decía.
Era, el que ayudó al fracaso,
el que alimentaba nuestro ocaso
el que nuestras vidas consumía.

Y entonces, cuando sí me amabas 
y yo ausente no te correspondía,
siempre que me iba, te abandonaba,
mientras tu mirada, triste me seguía.

Recuerdo cuando tú acostumbrabas
a mirarme con tu duda,
una duda enamorada
que dolía y se ocultaba,
que el engaño predecía.
Y eras tú la que callabas.

Ahora triste quedo viéndote partir.
Mirándote sin saber que decir.
La misma moneda con otra cara,
la misma historia que te hice vivir,
la misma cruz que nos separa,
la misma forma de mentir.

Mentir sin decir apenas nada
y en constante desatino.
Mentiras que arruinan la morada,
mentiras que destruyen el destino,
porque en vida equivocada
quien levantó la copa de vino
con mirada ilusionada,
ahora al pronto se queda sin nada
y sin compartir nada en su mesa.
Ni siquiera una mirada.

Por faltar a su vida y promesa
de seguir juntos, siempre unidos,
se juega hasta que surge la sorpresa
para destruir ese amor y ese nido.

Si amas, no traiciones a tu suerte
porque sin querer, podría cambiar.
Y perder la alegría y acabar,
con ese amor que era bello e inerte,
con un amor deseado y fuerte,
con un amor que te hacía temblar.

Európides

domingo, 24 de abril de 2011

Quiero un libro


Aquel viejo libro seguía allí,
en la estantería. Y nadie lo leía,
pero sí se observaba y se veía.
Otros más nuevos estaban también allí,
por estar, por tenerlo o no dejarla vacía.
y también los veían, pero no los leían.
¿Para eso quieres un libro?
Verás, para qué vale un libro…

Quise tener dos vidas y pensé
que para ello debo doblegarme.
Y eso no puedo hacerlo, lo sé,
pero un libro sí puedo coger
y leerlo para cultivarme.

O simplemente para evadirme
o para meterme en otro ser
y otro mundo nuevo ver,
sin que nadie pueda decirme
lo que encuentro al leer.

Cuando llevas allí a tu mente
y te evades de tu propia vida,
se te abre un nuevo presente,
pero nada de la tuya vivida.

Una ilusión diferente,
lugares siempre desconocidos,
mágicos e imaginarios,
pero que se ve, padece y siente
como si fuera a diario
y fuera, lo mejor de tu presente.

Y tú, ¿para qué quieres un libro?



Európides


jueves, 21 de abril de 2011

El secreto


Muchos mueren con un secreto
y nadie ha llegado a saber
lo que hubiera podido pasar
o lo que haría a este mundo olvidar.
Algo tan normal como un reto.

Porque no ocultar ese reto
que si la luz, llegara a ver,
algunos pondrían un veto
y otros, se tendrían que atener
tanto a la vida, como a la muerte
y sin duda,  a lo real o existente.
a lo aún, todavía no conocido.
Tan solo concebido, percibido
e identificado por nuestra mente.

Y con pensamientos tan equivocados,
tan erróneos como la vida misma
para personas que han encontrado
lo que tan sencillamente esperan
o lo que otros les han contado,
todas las mentiras que quieran...

Guardando crédito a palabras,
esforzando un sólido silencio,
deja paso a la tranquilidad,
quitando espacio a la fatalidad
de momentos sin principio o sin inicio
de momentos que se acaban sin comienzo
y se retienen en tu mente como un vicio
o lo escondes o lo guardas cual lo amaras.

Európides