domingo, 5 de junio de 2011

Cruel realidad



Pasan los años, el tiempo no para.
Los recuerdos invaden mi mente.
Ese preludio que la vida depara.
Linda niñez, toda la adolescencia,
pasar a ser mujer en la inocencia
protegida por mi querida gente
La gente que siempre me ampara.
La gente que está en mi presente.

La que su vida conmigo compartió
o la que conocí y mantenía su recuerdo.
La que desde muy pequeña a mi me vio
o la que ahora de mayor ya ni me acuerdo.

Personas por las que no hice nada,
otras por las que siempre lo di todo
y que demuestran amor de algún modo.
Y que me quieren sí, abandonada.

Buena soy para ayudarles a cuidar.
Y sus hijos que los lleve a la escuela,
excelente de anfitriona y cocinar.
Y a contar, que por su madre se desvela.

Estorbo es, llevarme de vacaciones.
“Mejor en casa, es muy duro el viaje”.
Ahora no se valoran mis dones
Y se sobra, por exceso de equipaje.

Me invade como las viejas canciones,
aquellas que mal se oyen o mal suenan
aquellas que no tiran y almacenan
las que se guardan en cajones
las que recordarlas hasta apenan,
como un hogar sin sensaciones.

Me siento como una desconocida,
que pudo dar en la vida más amor.
Para todos los que nos dieron la vida
y que ahora pensarlo causa dolor.

Se acerca cada vez más ese día.
Temido porque afloran las penas.
Mi sangre, esa sangre que era mía,
se para y ya no corre por mis venas..

Ese final que decide, firme y cruel,
que te deja para siempre abatida,
que te siega estando viva y sin él,
que te resta y que acaba con tu vida.

Adiós, regalo mi cariño con un beso.
Sola muero y nadie tengo a mi lado.
Viene a por mi el hombre que he amado,
cargado de vacaciones, sin regreso.
Quiero irme de este mundo despiadado.
No me llevo ni el cariño, ya ni eso...


(Dedicado a todos nuestros mayores, que han dado todo y tanto por nosotros...)

Európides

2 comentarios:

  1. Es muy cotidiano pero creo que hay un poco de responsabilidad en ella. El amor es incondicional, no debemos esperar nada de los hijos. Eduqué a mis hijos, los acompañé, sequé sus lagrimas, dejé de dormir para escucharlos y hoy, ya grandecitos, les recuerdo que no me deben nada porque lo que hice lo hice por amor, que deben vivir sus vidas como yo he vivido la mía, que cuando llegue el momento de la jubilación me iré a vivir a un pueblo junto al mar y no para acabar mi vida sino para empezar una nueva, más relajada, sin horarios, sin presiones, haciendo exactamente lo que quiero hacer, escribir y leer todos esos libros que esperan que los desempolve. Claro, yo soy una solitaria, soy feliz conviviendo conmigo misma, de hecho, cada año viajo sola, sin marido ni hijos, necesito mi espacio propio, días conmigo misma, no creo que me pese la falta de compañía. Sólo espero que no me utilicen de niñera, no lo permitiré, así como yo los crié a ellos, que ellos se hagan cargo de sus hijos. Es mi visión. Pese a ello, y conmovida por el dolor de los ancianos que dependen afectivamente de otros, escribí al respecto un texto "¿POR QUÉ ABANDONAMOS A LOS VIEJOS?" En mi caso es elección personal pero si te necesitan, es tu deber acompañarlos.

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  2. Hola Myriam, muchas gracias por tu sincero y extenso comentario que hace reflexionar sobre diferentes aspectos.

    Realmente, en ese sentido, los que gozamos de la tranquilidad, podríamos optar en el futuro por irnos a un lugar tranquilo y en donde podamos disfrutar de todoa aquello que no hemmos podido tener a lo largo de nuestra vida y que nos diera la oportunidad de poder estar en unas condiciones inmejorables para la meditación y la lectura.

    Pero me surjen a la vez varias preguntas al leerte, aunque efectivamente el cuidado que los padres deben de llevar hacia sus hijos, además de una obligación o una imposición es algo a lo que se le añade cariño y amor, ademas de que nos nace un sentimiento de protección hacia ellos, que hace que los atendamos de la mejor manera posible y que les demos la mejor formación para que luego, ellos puedan ser autosuficientes y desenvolverse bien en la vida.

    Efectivamente no nos deben nada y nada debemos esperar mientras todo siga dentro de unas circunstancias normales, es decir, que nosotros estemos bien de mayores y que nuestros descendientes estén bien y tampoco nos necesiten. Pero el problema viene cuando por cualquier motivo, ellos nos necesitan. Y tal vez esa necesidad, venga impuesta por ese cariño y ese amor que no se debería perder, porque al alejarnos, renunciamos en gran parte a seguir dándoles ese cariño o o esa ayuda y que a la vez, sus hijos, pierdan ese contacto y ese cariño con sus abuelos.

    Pero el problema añadido viene cuando esa persona mayor ya anciana, deja de valerse por sí mismo y necesita ayuda, que normalmente nunca la pedirá, pero seguramente sí la necesita y no la tiene...

    Se da el caso también de que hay abuelos que lo dan todo mientras pueden y luego cuando ya no pueden, es cuando se les deja solos, se les va abandonando porque ya no los necesitan o ya no les sirven como bien mencionas de niñera. Y eso es lo triste, el que después de sacarles su jugo, los dejen ahí abandonados a su suerte...

    No sé, pero a veces nuestras decisiones, se ven truncadas por lo que nos depara el destino y acuden a las personas mayores, enfermedades de tipo mental o limitaciones físicas, que impiden el que esos maravilloosos planes, se puedan llevar para adelante y no queda otra solución, que depender de los hijos o de cualquier centro preparado para los ancianos.

    En cualquier caso y aunque no se puede generalizar, a los hijos les molestan los padres porque tenerlos, les limita la vida y les cambia la intimidad de su hogar y la convivencia en esos casos es muy difícil de llevar, porque todos tenemos nuestro caracter y forma de hacer las cosas y está claro, que los ancianos, aunque sean sus padres, les molestan.

    Un abrazo.

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